La Vía Verde del Tren de los 40 Días, entre Estremera y Carabaña.
En el sureste de la Comunidad de Madrid parte del trazado del antiguo ferrocarril Torrejón-Tarancón ha sido acondicionado en el 2002 como Vía Verde permitiendo disfrutar de la mejor manera de los parajes rurales de este lugar madrileño.
Con la denominación de "Ferrocarril de los 40 Días" se bautizó a una línea férrea que sólo funcionó durante el breve pero intenso periodo de la Guerra Civil. Su trazado unía Torrejón de Ardoz con Villa-cañas, dando enlace ferroviario al Madrid asediado con el levante republicano, lejos de los obuses franquistas. Su nombre evoca las prisas que quisieron dar a los obreros para tender este ferrocarril, construido a toda marcha cuando la batalla del Jarama seccionó el ferrocarril Madrid-Alicante entre las estaciones de Getafe y Ciempozuelos.
Dada la penuria de la época, para tender sus vías fue preciso desmantelar otras dada la paralización de las fábricas de acero. Asimismo, los túneles se calaron con gálibo justo, sin chimeneas de ventilación, lo que obligaba a los trenes a pasar a toda marcha para no perecer asfixiados en su interior por el humo de las loco-motoras.
Este ferrocarril, al que también se de-nominó "Vía Negrín", en recuerdo al ministro republicano impulsor del proyecto, no duró mucho. Acabada la contienda, el tramo de Torrejón a Tarancón fue desmantelado. El tramo de Santa Cruz de la Zarza a Villacañas fue reconstruido con el fin de ponerlo en servicio comercial, mejorando el trazado y construyendo estaciones. Reinaugurado en los años 50, funcionó poco más de 10 años.
La ruta se inicia a la salida de Estremera, en la carretera que va hacia Carabaña (la M-222), junto a la gasolinera que hay a orillas del cruce con la carretera de Brea del Tajo. El primer sector de la Vía Verde es en realidad un carril bici adosado a la calzada, separado de la carretera por una barrera metálica.
Al llegar al paraje de La Noguera, la vía verde alcanza el trazado del viejo ferrocarril, subiendo de manera mansa entre olivos y tierras de labor, muy próxima a la carretera, pero sin los riesgos del paso de vehículos, aunque es posible encontrar algún que otro tractor.
En el kilómetro cinco la vía verde se encaja en una trinchera que permitirá cruzar, sin riesgos, la M-222. Al otro lado del puente comienza la ruta de descenso hacia Carabaña. Las trincheras y terraplenes, todas de moderado porte, se suceden en este tramo en el que la vía verde se pega a los taludes naturales de las colinas de yeso, permitiendo disfrutar del sereno paisaje de la vega agrícola y llegar, en el km.10, al punto donde había un paso a nivel del ferrocarril.
Poco a poco las pendientes van ganan-do más porte y las trincheras y terraplenes son de mayor empaque. Ajustados vía verde y carretera al valle del arroyo Valdecañete, a lo lejos ya se empiezan a percibir los cantiles del valle del Tajuña, término de la ruta.
Una vez bordeada una granja, en el km.12 de nuestro recorrido, se abre el último y más espectacular tramo de la ruta. Los cantiles de yeso cerraron el paso del ferrocarril y fue preciso tajarlos, creando unas impresionantes trincheras. En sus verticales taludes han hecho morada cientos de aves que, en ocasiones, nos pueden sorprender echando a volar de forma intempestiva a nuestro paso por su, hasta ahora, tranquila morada.
En el kilómetro 13 alcanzamos el valle del Tajuña, precipitándose la pista seguida ladera abajo en un tramo de corta pero pronunciada pendiente, al haberse optado por abandonar el viejo trazado ferroviario y enlazar de forma rápida (y abrupta) con la traza ya acondicionada de la Vía Verde del Tajuña, la cual atraviesa el valle del Tajuña desde Morata hasta Ambite (34 km.).