Los árabes designaron la Villa con el nombre de Mayrit, pronunciado por los mozárabes como Magerit. De la etimología de este nombre se ha escrito mucho. El nombre se derivaría del constructor de la atalaya, un musulmán que se habría llamado Magit o Mugit; para otros significaba "horcajo", por el que existía en la calle Segovia que dividía la población. Hubo estudiosos que aseguraron que Mayrit significaba "madre" (mayra) y "lugar" (it), en lo que sería una simple traducción de "Matrice" –la madre de las aguas-, supuesta designación con la que los visigodos habrían llamado a la población por el arroyo que discurría por la actual calle Segovia y que dividía la Villa.

Tras la reconquista cristiana, Magerit y Matrice se fundieron para dar lugar a Matrit, nombre con el que fue conocida a partir del siglo XI y que se mantuvo hasta su transformación final en Madrid.

Hay mayor unanimidad en los tres símbolos de la ciudad: El oso y el madroño que ostenta su escudo; la fuente de la Cibeles, que ejerce de diosa, y la Puerta de Alcalá, que parece mostrar la disposición abierta de sus habitantes a recibir a cuantos a lo largo de su historia han llegado para quedarse.

 

El oso y el madroño

Parece que los madrileños que participaron junto a Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) ya acudieron bajo el pendón de la Villa. Por entonces, estaba formada por un oso pasante sobre campo de plata. En el año 1222 la enseña tuvo que ser sustituida por la de un oso apoyado en un madroño. La razón fue un pleito que se originó entre el clero y el concejo madrileño a causa de unos montes y pastos existentes cerca del alcázar. Al final se decidió que el clero se quedara con las praderas en tanto el concejo se convirtió en propietario de las arboledas. En consecuencia, el clero puso en su enseña un oso pastando, mientras el concejo levantaba al animal sobre las dos patas traseras y lo apoyaba en un madroño, árbol común por entonces en la zona. Posteriormente, el concejo circundó el escudo con las siete estrellas de la Osa Mayor.

En el siglo XIX algunos autores afirmaban que los romanos habían llamado a la zona Ursaria por estar supuestamente habitada por gran cantidad de estos animales. Otros historiadores derivaron tal designación de la palabra hebrea ur, que significa "fuego", por existir mucho pedernal en el subsuelo.

Este escudo, recogido también en el pendón de la Villa hecho de tela carmesí, no fue, sin embargo, plasmado en ningún monumento hasta 1967. La propuesta para realizar un grupo escultórico con estas figuras fue hecha por la sección de Cultura del Ayuntamiento, cuyos responsables planteaban popularizarlo al igual que había hecho Copenhague con su sirenita o Bruselas con el Manneken Pis. El monumento le fue encargado a Antonio Navarro Santa Fe, que hizo las figuras en bronce. Se decidió colocarlo en la Puerta del Sol, donde en su día había estado la fuente de la Mariblanca. En 1985, con motivo de la colocación de una copia de la Mariblanca en el lugar que había ocupado entre 1625 y 1838, el monumento del oso y el madroño pasó a situarse ala entrada de la calle Carmen, donde sigue actualmente.

 

Fuente de la Cibeles

El monumento más emblemático de Madrid y el principal símbolo de la capital. Sentada sobre un carro tirado por dos leones, la diosa de la Fecundidad y de la Abundancia fue diseñada por Ventura Rodríguez en 1777 y realizada en mármol cárdeno de Montesclaros por Francisco Gutiérrez, que finalizó la escultura de la diosa y el carro en 1782. Roberto Michel esculpió los leones que representan a Atlanta e Hipódemes, y Miguel Ximénez se ocupó de los adornos. En la parte delantera del carro, semioculta, aparece la cabeza de Atis, de cuya boca sale el surtidor central.

En 1895 se procedió al traslado de la fuente a su actual emplazamiento, tal como había propuesto el entonces director de Vías Públicas del Ayuntamiento, José López Sallaberry. El traslado fue aprovechado para colocar la fuente orientada hacia la Puerta del Sol. Durante la guerra civil, la fuente tuvo que ser protegida con muretes de ladrillo, por lo que los madrileños la bautizaron como "la linda tapada".

 

La Puerta de Alcalá

El monumento fue levantado entre 1774 y 1778. Fue Francisco Sabatini quien proyectó esta puerta dotada de cinco accesos –los tras centrales de medio punto- por los que durante muchos años entraron en la ciudad cuantos llegaban desde Aragón y Cataluña.

Realizada en granito y piedra de Colmenar, la puerta tiene 19,5 metros de altura. Excepto el arco central, que es igual por ambas caras, el resto varía, pues en la parte que da hacia el exterior de la ciudad se pusieron diez columnas con capiteles de orden jónico mientras que en la parte interior se colocaban pilastras. Sin embargo, si fue igual la lápida que se colocó en el ático de ambos frentes: "Rege Carolo III, anno MDCCLXXVIII". Roberto Michel esculpió las cabezas de leones que se colocaron en las claves de los arcos centrales, y las cornucopias que se instalaron sobre las laterales. Francisco Gutiérrez realizó varios adornos, como el escudo con las armas reales, los trofeos militares que coronaron el frontón triangular en el ático que mira hacia la Cibeles, y los grupos de niños y los trofeos militares situados en el sotabanco.

Las rejas de hierro de estos arcos se cerraban a las diez de la noche en invierno y a las once en verano. En 1869, casi un siglo después de su construcción, la puerta dejó de tener un uso público para convertirse en monumento, a raíz de que el Ayuntamiento, a propuesta de Ángel Fernández de los Ríos, aceptó abrir una gran plaza a la que se puso el nombre de la Independencia, en recuerdo de la guerra contra los franceses. No se quiso eliminar las marcas dejadas por la artillería francesa el 3 de diciembre de 1808 cuando el ejército mandado por Napoleón atacó Madrid. A estas marcas se sumaron las provocadas por enfrentamientos durante la guerra civil. En 1976 la puerta fue declarada monumento nacional.