La reforma de la M-30
Un río de dinero en la dirección equivocada
La M-30, la primera carretera que se construyó para circunvalar Madrid, es un anillo de asfalto de 32,6 kilómetros de circunfe-rencia que abraza la ciudad y por el que circulan a diario 600.000 vehículos. Su reforma, cuyas obras se han iniciado en 2004, es el proyecto estrella del alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón y la obra de ingeniería más cara acometida nunca por un gobierno municipal en España.
Los pilares de la reforma son cinco: la construcción de un túnel de cuatro kilómetros entre el puente de la Princesa y el de Vallecas, para evitar los atascos del nudo sur; la excavación de otro túnel similar en el norte para eludir los semáforos de la avenida de la Ilustración; la mejora de los enlaces con las autovías nacionales en las entradas y salidas de la capital; la creación de rutas de acceso, bajo tierra, exclusivas para los autobuses interurbanos que conectan Madrid con los municipios del norte; y el soterramiento de seis kilómetros de carretera bajo las riberas del Manzanares, entre la avenida de Monistrol y el nudo sur.
Una empresa municipal mixta, Madrid Calle 30, será la encargada de pagar los 4.000 millones de euros que costarán las 15 actuaciones programadas, incluido el enterramiento de casi seis kilómetros bajo el río Manzanares. Madrid Calle 30, con un 80% de capital público y un 20% de capital privado, licitará cada uno de los 15 proyectos de obra, los adjudicará a las firmas contratistas (que serán las que ejecuten los trabajos) y asumirá el pago de los 4.000 millones de euros a lo largo de 25 ó 30 años. Después, cuando la reforma esté concluida, se ocupará de su gestión y mantenimiento, y recibirá por ello un canon anual del Consistorio.
Otros cuatro proyectos asociados a la mejora de la M-30 pero que quedan físicamente fuera del anillo -entre ellos los túneles para los autobuses que llegan del norte hasta la plaza de Castilla- serán gestionados aparte, licitados directamente por el Ayuntamiento y no por la empresa mixta.