Un ejército de tuneladoras, grúas, excavadoras y cemento invadió Madrid en 2005 y arrasó con la calidad de vida de sus habitantes

 

Casi 70 grandes obras iniciadas simultáneamente y sin planificación territorial ni temporal convierten la ciudad en una trinchera bélica

 

 

En la vuelta al trabajo, el 1 de septiembre de 2005, los madrileños se encontraron con 67 grandes obras en marcha de la Comunidad, el Ministerio de Fomento o el Ayuntamiento en las calles de Madrid.

 

Algunos vecinos llegaron a su barrio, tras las vacaciones de verano, y no lo reconocieron. Como un vecina del paseo de Extremadura, quien aseguró a la Cadena Ser: “En Nueva Orleans ha pasado el huracán Katrina, pero aquí ha llegado Gallardón y nos ha destrozado el paseo de Extremadura y la Virgen del Puerto. El día 5 tengo que ir a trabajar y no sé cómo lo voy a hacer”.Las 67 grandes obras existentes en la capital por aquellas fechas correspondían a 38 proyectos de infraestructuras. De ellas, 14 eran responsabilidad de la Comunidad de Madrid (todas relacionadas con ampliaciones de metro, intercambiadores, así como el tren ligero de Sanchinarro y Las Tablas). Al Ayuntamiento le correspondían 22 interven-ciones, 14 de ellas en la M-30.

 

Por último, al Ministerio de Fomento le correspondían dos proyectos, la conexión Chamartín-Atocha y el soterramiento de la A-2.En definitiva, un ejército de tuneladoras, grúas y excavadoras que, simultáneamente y sin planificación, invadieron Madrid, arrasando la calidad de vida de sus habitantes: caos circulatorio, tala de miles de árboles, elimi-nación de equipamientos “molestos”, zozobra por la seguridad de las viviendas afectadas, incremento del ruido y de los niveles de contaminación ambiental, saqueo de las arcas públicas, con un Ayuntamiento peligrosa-mente endeudados por más de treinta años, etc.

 

En ortodoxia urbanística, el crecimiento de las ciudades no se improvisa, se planifica. Pero la planificación urbanística en Madrid ha sido sustituida por la planificación electoral. No se piensa la ciudad a diez o doce años, o veinte, sino en función de las próximas elecciones municipales.