FORTUNATA Y JACINTA
Benito Pérez Galdós.
Edición de Francisco Caudet para Ediciones CATEDRA. Madrid. 2002.
Según Francisco Caudet, editor de la novela para Ediciones Cátedra, Fortunata y Jacinta es una de las novelas que mejor representa la complejidad de la escritura realista del siglo XIX.
Recrear estructuras socio-históricas, trazar el precario destino del individuo en unos medios degradados y, dicho en una palabra, desvelar en profundidad la realidad, ha sido la tarea que define la novela decimonónica y, en particular, a la obra novelística de Galdós.
En la estructura de Fortunata y Jacinta, así como en la caracterización de los personajes, el acopio de información socio-histórica desempeñó una función determinante.
Aunque la acción de Fortunata y Jacinta se desarrolla entre 1869 y la primavera de 1876, hay alusiones a antecedentes históricos, a un tiempo previo a la acción de la novela que se remonta incluso al siglo XVIII. Por otra parte, Galdós escribió la novela en 1885-1887, lo cual añade una nueva dimensión temporal. La perspectiva histórica desde la que contempló el tiempo de la acción ha de tenerse igualmente en cuenta.
En 1868 la burguesía liberal rompió una vieja alianza con el Trono. Esta vieja alianza se remontaba a 1833, año en que murió Fernando VII. La Reina Regente hubo de aceptar la alianza con la burguesía liberal porque necesitaba apoyos para combatir el carlismo. El conflicto dinástico sería, por lo tanto, el factor desencadenante de la puesta en marcha de la revolución burguesa, ralentizada por el absolutismo fernandino, y de que Madrid, en la década de 1840, se convirtiera en la sede del nuevo Estado burgués. Madrid, como ha señalado Tuñón de Lara, deviene
ni más ni menos la sede del poder, la cabeza de una administración que, precisamente, va a crecer y consolidarse por aquellos años, el centro nervioso de una serie de decisiones, negocios, especulaciones
Como señala Francisco Caudet en su estudio introductorio, entre Madrid y Cataluña se entabló un duro debate en torno al librecambismo y al proteccionismo. En Cataluña decían basar la defensa del proteccionismo en el interés de la industria nacional y de los obreros.
Galdós, en Fortunata y Jacinta, expuso reiteradamente los puntos de vista de los comerciantes de la zona de la Puerta del Sol, quienes, en sus tertulias discutían con asiduidad -como debió ocurrir en la realidad- sobre estos temas económicos. Cuando Juanito y Jacinta van a Barcelona de viaje de novios, hay referencias a la industria textil catalana y a la situación de la mujer obrera.
Según Ángel Bahamonde y Julián Toro:
Madrid duplica su población entre 1845 y 1875, de 200.000 a 400.000 habitantes, a pesar de que el crecimiento natural madrileño es negativo: la natalidad no compensa la extrema mortalidad agravada por las epidemias periódicas, como la del cólera morbo… En suma, el aumento de la población madrileña sólo puede explicarse por la continua inmigración que la capital recibe. Madoz se hacía eco de este fenómeno en su Diccionario. En 1845 la Guía de Comercio habla de la <<plaga de vagos en Madrid>>. El 14 de mayo de 1852, La Época publica una noticia que demuestra el carácter masivo que en momentos de crisis toma la emigración a la capital: <<Todos los días entran en Madrid de 1.000 a 1.500 gallegos en busca de trabajo. Estos índices que huyen de su país y del hambre vienen por el camino pidiendo limosna y llegan en un estado realmente deplorable>>. La incipiente industrialización madrileña se ve incapaz de absorber los contingentes de mano de obras que el campo le envía. Los recién llegados quedan, pues, condenados al subempleo, al paro encubierto. La documentación estadística les llamará jornaleros; la burguesía hablará de clases menesterosas, término que los republicanos sustituirán casi siempre por el de clases trabajadoras.
Las condiciones de vida del proletariado urbano eran de gran penuria. Galdós las describe puntualmente.