LA BUSCA

Pío Baroja.

Editorial Caro Raggio. 1997

 

 

 

La Busca es la primera novela de la trilogía La lucha por la vida. Apareció en Madrid, el año de 1904 y se presentó en vivo contraste con las obras inmediatamente anteriores a su autor. Pío Baroja, desde fines del siglo XIX, estaba familiarizado con la vida de la gente pobre de Madrid. Por otra parte, su interés general por los "bajos fondos" ciudadanos arrancaba de la lectura de obras de grandes novelistas, como Dickens y de grandes folletinistas, como Sue.

Cuando apareció La Busca se habló de la objetividad, frialdad e impersonalidad con que estaba escrita.

Según señala Julio Caro Baroja, en el prólogo de esta edición, "Baroja tenía unas ideas muy concretas sobre el pueblo de Madrid". En su época había unos cultivadores del "madrileñismo" popular que le producían franca aversión. Entre ellos, sobre todo, López Silva, Baroja, que era admirador como el que más del maestro Chueca, que quería a Tabeada, que se reía con las ocurrencias de Arniches y García Álvarez, creía que los chulos de López Silva y Casero eran una ficción poco amena. Su Madrid, hosco, de colores pálidos y aun lívidos, no tienen nada que ver con el de los castizos amanerados, herederos de una tradición también teatral ante todo. Pero en el momento de aparecer La busca fue leída por las gentes del Rastro y las Américas, que se reconocieron en ella.

Desde el punto de vista gráfico o plástico, puede decirse que el Madrid de La busca corresponde al de los grabados de Ricardo Baroja (que la ilustró con dibujos muy sencillos y evocativos).

La lucha por la vida es el título de la trilogía entera. Un título darviniano, significativo. El hombre que lucha en La busca se halla en situación absoluta y permanente de desamparo y vive dentro de una especie de estado de anomia social que produce la ciudad misma. El golfo, el vagabundo, el descuidero "luchan" para sobrevivir como pueden. Las mujeres de la vida son sus dignas compañeras. En La busca el representante del orden intelectual es un trapero analfabeto, el señor Custodio. La voluntad la representa, por su parte, un estudiante al que muchos de los que le tratan consideran un chiflado. Esta sociedad urbana y suburbana, desamparada, abigarrada, violenta, trágica o grotesca según los casos, tenía que presentar como cara política una cara anarquista más que otra cosa. En Mala hierba dominará la acción folletinesca propia del bajo fondo; Aurora roja se dedicará al análisis del mito anarquista en su ramificación española, madrileña. En el Madrid finisecular había bastantes ácratas. También socialista.

La busca no es un seco reportaje o documento. El protagonista, Manuel, no tiene mucha voluntad, ni mucha inteligencia. Cae a veces en la delincuencia; pero hay en su ser un fondo moral que le hace buscar la amistad de hombres ordenados o tenaces.

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