LA COLMENA.

Camilo José Cela.

Edición de Jorge Urrutia para Ediciones Cátedra. Madrid. 2001.

 

 

 

Según Jorge Urrutia, editor de La Colmena para Ediciones Cátedra, la obra de Camilo José Cela llena gran parte de la literatura española de los últimos cincuenta años. Nacido en la provincia de La Coruña, el 11 de mayo de 1916, estudiante de varias carreras inacabadas en la importante universidad madrileña de los años 30, su vida se orientó pronto hacia el periodismo y la literatura.

Antes de La Colmena, habían aparecido: La familia de Pascual Duarte, Pabellón de reposo (1944), Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944), Pisando la dudosa ley del día (poesía), Esas nubes que pasan, El monasterio y las palabras (poesía) y Mesa revuelta (1945), El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947), Cancionero de la Alcarria y Viaje a la Alcarria (1948) y, por último, El gallego y su cuadrilla (1949). En 1951, en la editorial Emecé, de Buenos Aires, fuera de España a causa de la censura, se publicó La colmena.

La Colmena resultó demasiado crítica y derrotista para el gobierno del general Franco, lo que impidió la publicación en España de su primera edición. Incluso su autor fue expulsado de la Asociación de la Prensa. Además, hay que añadir que la novela fue muy criticada, desde el punto de vista moral, por los sectores dependientes de la Iglesia Católica.

Si la novela escrita en España a lo largo del decenio 1940-1950 estuvo marcada por la fealdad, la tristeza y la violencia, los motivos fueron muy variados. Por una parte, los que correspondían a la situación de la vida diaria en la España de los años 40; por otro, los motivados por la miseria moral en la que -con excepciones personales casi heroicas- se veía sumida la población.

Como señala Jorge Urrutia, la primera característica técnica de La Colmena es la desaparición del personaje individual como sustentador de la historia, para presentar un personaje colectivo, en esa línea de la narrativa moderna que busca retratar colectividades más que individuos aislados.

El novelista decimonónico era una especie de dios dominador del mundo que había creado. Sabía todo de sus personajes antes de que nacieran y manejaba los hilos de la "vida" según su antojo.

Camilo José Cela no se limita a registrar unos hechos, sino que realiza una importante elaboración literaria, de la que no queda ajena la expresión del sentimiento e, incluso el sentimentalismo.

La Colmena no es, por lo tanto, exactamente un documento, sino la visión, muy posiblemente sintetizadora y especialmente preñada de significación, que el sujeto de la narración tiene del Madrid de la época. En todo caso, lo que importa no es tanto el testimonio como el procedimiento de elaboración. De hecho, el Madrid que ofrece es el del entorno de un par de cafés y algunas calles más. Apenas hay paisaje urbano. También el tiempo aparece reducido a tres días, desarrollados los dos primeros, sobre todo, en sus tardes y noches. Al acotar el espacio y el tiempo, se consigue que surjan relaciones personales insospechadas entre los personajes, como si de un pueblo pequeño se tratara, en lugar de una gran ciudad.

La novela fue, en 1951, un fresco emocionante de la intrahistoria inmediata de España. Hoy, ante todo, es una hermosísima novela que expone la difícil esperanza de vida en un mundo gris, aislado y oprimido por una violencia fascista institucionalizada.

 

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