La gestión del Museo de la Academia de Bellas Artes
Cuatro años han estado cerradas las salas que albergan la colección de pintura española contemporánea
El cierre temporal por reforma del Museo Cerralbo ha permitido la apertura en el otoño de 2006 de las 22 salas del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que albergan la colección de pintura española contemporánea, cerradas en los últimos 44 meses por la falta de una treintena de vigilantes. Y eso que el Ministerio de Cultura había invertido 3,6 millones de euros en la ampliación del edificio del museo, que funciona en régimen de fundación privada.
El 14 de noviembre de 2002, un día después de ser inaugurada a bombo y platillo por los Reyes, la tercera planta del Museo de la Rea Academia de Bellas Artes de San Fernando cerró sus puertas. Al menos un parche ha permitido abrir las 22 salas, gracias a la restauración durante un año del Museo Cerralbo, que ha cedido su personal de forma eventual.
El cierre del decano de los museos –creado hace 254 años, en tiempos de Fernando VI- resulta sorprendente, pues se produjo tras re-cuperar el edificio dos enormes plantas usa-das por Hacienda en los años setenta tras una rehabilitación del edificio. Rodrigo Rato, por entonces ministro de Hacienda, y Álvarez Cascos, al frente de Obras Públicas, recibieron por la devolución la Medalla de Honor de Bellas Artes de 2000.
La historia se torció cuando el dinero para personal no llegó. Tras el cierre, Obras Públicas –que tramitaba la petición de vigilantes- argumentó que sólo le habían sido solicitados tres celadores, y Cultura, por su parte, sostu-vo que el que la academia tuviera una estructura de fundación privada dificultaba la solución.
Con la ampliación, el palacio, obra de José de Churriguera, ganó la quinta parte de su superficie, 5.000 metros cuadrados. Además, se restauró la fachada, con el rescate de piezas originales de su arquitectura y ornamentación neoclásica.
Con estas 22 estancias –que se sumaban a las 36 ya existentes- se quiso sacar a la luz parte de los 1.400 cuadros de los que es due-ña la academia –como un lacoonte traído a España por Diego Velásquez en 1654-, además de 15.000 dibujos originales, una excelente colección de artes decorativas y 17.000 planchas de grabados, parte de Goya.
Entre las 17 estancias que se podían o no visitar según el día o la hora –hasta la llegada de los trabajadores del Museo Cerralbo- los lienzos de Federico Madrazo, como su Isabel II o un retrato de Manuel Godoy, La degollación de los inocentes, de José Ginés o el único retrato que hay en España de George Washington, de Josef Perovani. Por no citar la sala de vaciados de escultura o la única copia existente de las Puertas del Baptisterio de la catedral de Florencia, de Ghiberti.
Mejor suerte han corrido durante este tiempo los 13 lienzos de Francisco de Goya –sus más célebres autorretratos u obras como El entierro de la sardina-, así como afamados cuadros de Zurbarán, Ribera, Morales, Arcimboldo, Rubens, Murillo, Reni o Van Dyck, que sí se han podido ver.