Descubrimiento de Madrid
Ramón Gómez de la serna. Edición de Tomás Borrás. Cátedra. Madrid, 1992
En muchos de sus libros, Ramón Gómez de la Serna nos ha ido descubriendo el Madrid de principios del siglo XX, sus rincones, sus calles, sus tipos.
Ramón comienza a escribir públicamente el año 1905 (su libro Entrando en fuego). Le preocupa Madrid desde 1912 (¿libros? editados a mano en La Tribuna. Y El Rastro, 1915). Su última obra referida a asunto madrileño es de 1961 (Piso bajo). Medio siglo de fisgar, revisar, acopiar y lanzar exclamaciones y teorías sobre el Madrid-Todo y los minúsculos madriles de calles, gentes, edificios y sucesos.
Ello, entre 1912 y 1961. Con una ruptura de presencia, pues se marcha a Buenos Aires en 1936, y ya no regresa sino de visita unos días, y después en cuerpo agotado, para enterrarlo con Larra. El sumando es veinticuatro años de astrónomo directo de la ya grande Villa.
Ramón pinta un Madrid que ha rebasado los modelos de Mesonero. Un Madrid que está a caballo de dos épocas bien precisas: la del Madrid "capital de la Mancha" y la del Madrid que echa a correr rejuvenecida. Queda como documento histórico. Una colección de miniaturas certeras y deliciosas.
No es solamente el fenomenal acierto descriptivo de Ramón lo que nos asombra al analizar su madrileñismo de curioso paseante en Corte. Lo es, asimismo, cómo enlaza lo histórico de Madrid, en cada punto, con su acuarela moderna. La síntesis del Madrid ramoniano se apoya en esa cualidad eminentemente madrileña: los múltiples madriles, el árabe, el medieval, el austriaco, el borbónico barroco, el romántico se funden en unidad y Ramón la muestra como ejemplo de sabiduría innata en las gentes madrileñas.