Apertura de un nuevo gran museo: el Museo del Traje
(Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico)
Hereda las colecciones de los antiguos Museo del Pueblo Español y Museo Nacional de Antropología
El Museo del Traje de Madrid, inaugurado en el 2004, ocupa el lugar del antiguo Museo de Arte Contemporáneo y que hereda las colecciones del Museo del Pueblo Español y del Museo Nacional de Antropología, recupera la riqueza de la indumentaria española. En él se exponen casi 600 conjuntos de las 160.000 piezas que tienen los fondos del museo, rotando cada seis meses para preservar su conservación.
Rodeado de un inmenso jardín, en plena Universidad Complutense, el Museo del Traje (Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico) ocupa el edificio que fue construido en los años setenta por Jaime López de Asiain. El museo, dirigido por el antropólogo Andrés Carretero, bebe del inmenso trabajo de campo que Julio Caro Baroja desarrolló durante sus años al frente del Museo del Pueblo Español. Una parcela de más de 30.000 metros cuadrados de los que casi 4.000 son de exposición permanente, más de 1.200 para muestras temporales y más de 6.000 para almacén. El resto (biblioteca, tienda, talleres, restaurante-cafetería) se suma al enorme complejo.
El museo viaja por la historia de España y sus costumbres a través de la vestimenta. Una pieza única abre la visita. Se trata de un diminuto vestido de la infanta María, que murió con 11 años, y que data de 1235. Una pieza en depósito que pertenece a San Isidoro de León. Cerca, en otra vitrina, un manto real de la Orden de Carlos III.
Zapatos de seda bordada del siglo XVIII, guantes y mitones de piel de cabritilla, bolsas, monederos, carteras, abanicos, hebillas, botones o un coqueto reliculé. En una vitrina, una colección de alegres sombrillas. En otra, una importante mantilla bordada.
Si la espectacularidad manda en el montaje y en los vestidos rococó e imperio, con Mariano Fortuny el museo logra su escaparate-estrella. Túnicas, quimonos o los trajes que el diseñador granadino realizó para el Othelo de un jovencísimo Orson Welles. Así se llega al siglo XX, de la mano de los vestidos de Paul Poiret y Elsa Schiaparelli, Dior y Balenciaga. El museo también se detiene en "la moda diminuta" de la muñeca Mariquita Pérez y, pasados los años cincuenta, se pasea por la alta costura española (Pertegaz, Berhanyer) hasta terminar en los años ochenta y los que se llamó Moda de España. Una vitrina donde están figuras indiscutibles como Sybilla, Lydia Delgado, Jesús del Pozo o Manuel Piña, pero donde faltan otros como Adolfo Domínguez o Antonio Miró.