Ampliación del Museo Thyssen-Bornemisza

 

Desde 2004, un nuevo museo se alza al lado del palacio de Villahermosa, sede del Museo Thyssen en Madrid. Los 8.000 metros cuadrados del nuevo edificio servirán para mostrar al público los mejores cuadros de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza: La esclusa, de Constable; Mata Mua o Idas y venidas, de Gauguin, etcétera.

 

Al palacio de Villahermosa, sede del Museo Thyssen y punto de referencia en el triángulo entre los dos grandes, el Prado y el Reina Sofía, estaban a punto de estallarles las costuras. La casa de los duques de Villahermosa, una construcción del siglo XVIII que Rafael Moneo remodeló, no tenía ampliación posible. El golpe de suerte llegó con la adquisición de las casa colindantes de la calle del Marqués de Cubas, muy cerca del Congreso de los Diputados, y tras ella, la firma del acuerdo por el que Carmen Thyssen Bornemisza cedía en préstamo gratuito su colección hasta el año 2013.

 

El proyecto del nuevo Museo Thyssen ha sido liderado por Manuel Baquero y Robert Brufau junto con un equipo de jóvenes arquitectos: Josep Bohigas (37 años), Francesc Pla (35) y Iñaki Baquero (38), del estudio BOP-BAA, con una buena trayectoria en el diseño de exposiciones (Universo Gaudí y Ciudades-Esquinas, en el Fórum de Barcelona).

 

La clave del proyecto de ampliación del museo está en la continuidad entre uno y otro edificio. No hay ruptura visible en el interior, concebido como prolongación del palacio histórico. El visitante entra al nuevo museo des-de el vestíbulo central, donde puede acceder a las salas de exposiciones temporales, o bien sube a la segunda planta y sigue el recorrido cronológico de las salas entre uno y otro edificio.

 

Se ha cuidado al máximo que el nuevo edificio se amoldara al jardín existente, un espacio verde de magnolios, cipreses, castaños de Indias y madroños. El jardín se amplía con la cubierta de césped de la nueva cafetería y con la terraza mirador, desde donde se aprecia el eje verde de árboles frondosos que llega hasta el cercano parque del Retiro. En la parte trasera del edificio se han conservado las fachadas de las viviendas decimonónicas y se ha ideado una zona singular en el zaguán de una de las casas decorado con azulejos y rejas. En un guiño de acercar el museo al espectador, se han instalado dos esculturas de Rodin que pueden verse desde la calle.